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Los fariseos fueron el movimiento religioso judío más influyente durante el primer siglo, caracterizados por su celo en aplicar la santidad del Templo a la vida diaria y por su estricto cumplimiento tanto de la Ley de Moisés como de la tradición humana.

Su fe y sus prácticas

  1. La Ley Escrita y la Tradición Oral: Creían que Dios entregó a Moisés no solo la Torá (los primeros cinco libros), sino también una «Ley Oral» que explicaba cómo aplicarla. Con el tiempo, le dieron a las interpretaciones de los rabinos el mismo nivel de autoridad que a las Escrituras.
  2. Resurrección y mundo espiritual: A diferencia de los saduceos (la élite sacerdotal), los fariseos eran teológicamente más conservadores: creían firmemente en la resurrección de los muertos, el juicio final y la existencia de ángeles y demonios (Hechos 23:8).
  3. Pureza ritual extrema: Buscaban que la mesa de cada hogar fuera tan pura como el altar del Templo. Esto los llevaba a realizar elaborados rituales de purificación de manos, copas, jarros y utensilios de cobre antes de cualquier comida (Marcos 7:3-4).
  4. Prácticas piadosas: Eran muy disciplinados. Ayunaban dos veces por semana, diezmaban meticulosamente de todo lo que adquirían (incluso de hierbas pequeñas como la menta y el comino) y guardaban el sábado basándose en cientos de sub-reglas que prohibían casi cualquier actividad física, y condenaban a la muerte quien violentaba esas sub-reglas de sus interpretaciones.

¿Por qué Jesús se les opuso?

Aunque Jesús y los fariseos compartían doctrinas fundamentales (como la resurrección y la autoridad del Antiguo Testamento), el choque entre ellos fue constante y severo por las siguientes razones:

  1. Elevaban la tradición humana sobre la Palabra de Dios: Jesús los confrontó porque sus reglas terminaban anulando el mandamiento original. Por ejemplo, inventaron la regla del Corbán (dedicar los bienes a Dios) como excusa legal para no mantener a sus padres ancianos, violando así el quinto mandamiento (Marcos 7:11-13).
  2. Religiosidad exterior e hipocresía: Se enfocaban en parecer santos ante los demás mientras sus corazones estaban corrompidos. Jesús los llamó «sepulcros blanqueados» y criticó que «ensanchaban sus filacterias» (pequeñas cajas de cuero con textos bíblicos en la frente y el brazo) exclusivamente para exhibir su piedad ante los hombres (Mateo 23:5).
  3. Legalismo sin misericordia: Les importaba más el cumplimiento técnico de sus propias reglas que el bienestar de las personas. Criticaban furiosamente a Jesús por sanar enfermos en sábado, ignorando «lo más importante de la ley: la justicia, la misericordia y la fe» (Mateo 23:23).
  4. Orgullo espiritual: Confiaban en su propia justicia y despreciaban a los demás (Lucas 18:9). Para el fariseo, la santidad requería separación física y rechazo hacia los «pecadores»; para Jesús, la verdadera santidad implicaba acercarse a los quebrantados para restaurarlos, motivo por el cual los fariseos se escandalizaban de que Él comiera con publicanos (Lucas 15:1-2).
  5. Rechazo a su Persona, negando que Jesús fuera Dios y Salvador. Aunque tenían pruebas de su santidad y divinidad, los fariseos rechazaron a Jesús por envidia.

Tener una doctrina cristiana similar, amar a Dios y predicar su Evangelio, no hace de un cristiano una persona «santa». Los fariseos nos enseñan que podemos ser todo lo que una persona desea ser, y aún así, no ser salvo.

La salvación es de Dios y solamente Él puede salvar. No por elección o predestinación, sino por la fe en Cristo Jesús (Juan 3:16).