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El Evangelio Barato

Últimamente encontramos frases que condenan o aluden al “Evangelio Barato”. Pero algo barato no necesariamente es malo. De hecho, el Evangelio no es caro ni barato, es gratuito. El costo de la salvación es inalcanzable, pero Jesús pagó en la cruz por nuestros pecados con su propia sangre, y luego lo ofrece gratuitamente a todo aquel que en Él cree.

El “Evangelio Barato” no existe; la Escritura solo menciona dos tipos de Evangelio: el verdadero y el falso (Gálatas 1), y no hay naranjas medias para tomar una posición intermedia. O somos salvos o estamos perdidos. Aparte del Evangelio sí existen “doctrinas erradas y de demonios”, que incluso los cristianos podrían creer, pero no están relacionadas a la salvación. Algunas falsas doctrinas quitarán la cruz y se enfocarán en un evento del pasado incomprensible, y mal interpretado del Nuevo Testamento; o bien se enfocarán en la doctrina en el esfuerzo humano de la acción personal para alcanzar o perder la salvación.

El falso evangelio aparece cuando a las personas les dicen que no debe arrepentirse o creer en Cristo, cuando le afirman que su salvación depende de una acción “soberana” antes de su existencia y que no tiene nada que hacer para salvarse. Ese evangelio falso anula la gracia, el arrepentimiento de pecados y el recibir a Cristo al creer en Él. El evangelio falso suena a Evangelio, pero es falso, camuflado, engañoso y filosóficamente atractivo. Es como un dulce con sabor a fresa; tiene sabor de saludable, pero está dañando poco a poco hasta producir daños irreparables.

El Evangelio de Cristo es directo y fácil de comprender, porque incluye solamente tres principios: arrepentimiento de pecados, conversión a Cristo y Bautismo en agua. El arrepentimiento de pecados y la conversión a Cristo es el mensaje primero; el Bautismo es el resultado de la aceptación del mensaje. El Evangelio no excluye la responsabilidad humana, y confronta al individuo con su vida personal. El Evangelio le dice que es pecador y que su destino está sellado por la ley de Dios; no puede salvarse a sí mismo, ni puede vivir una vida de santidad conforme a los requisitos divinos; y por eso, Dios envió a su Hijo, para que todo aquel que en Él crea, no se pierda más tenga vida eterna. Ese Evangelio debe conducir a la persona a ser “discípulo”. El evangelio falso le dirá que no debe creer o le dirá que debe “hacer algo”; el Evangelio le dice: “cree en Jesucristo”. Y cuando esa persona cree en Cristo como Salvador personal, reconociendo sus pecados y su condición perdida, el Señor le salva, y así esta persona pasa de muerte a vida. Y cuando ha pasado de muerte a vida, entonces debe ser guiado al Bautismo bíblico, al cumplimiento de la justicia del Padre, y a mantener una relación con Dios. Ese bautismo le une al cuerpo de Cristo y lo hace parte de una familia donde puede crecer en la doctrina del Evangelio.

El evangelio falso no le hace miembro de iglesia, le hace “invisible en un cuerpo invisible” que no existe. El Evangelio verdadero le confirma la necesidad y la urgencia de ser parte de una iglesia local de sana doctrina, a ser parte en el sostenimiento de la predicación y a vivir siendo testigo visible en su comunidad. No le dice que la iglesia o el bautismo salva, no le dice que un acto del pasado salva, ni le dice que las obras salvan; el Evangelio verdadero dice: “Y en ningún otro hay salvación, porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos” (Hech. 4:12). El discipulado del Evangelio verdadero sí le conduce al bautismo y a la membresía, a ser activo en el compartir el Evangelio y en ser promotores del bien. Luego, aprenderá todas las cosas que el Señor ha enseñado por medio de la formación doctrinal dentro de su iglesia local.

¿Conoce usted bien la doctrina? ¿Es un buen testigo del Evangelio a los perdidos? ¿Está usted siguiéndole dentro de una iglesia sana? Si no asiste a una iglesia local, es probable que tenga un evangelio pervertido (Gál 1). Pero hay esperanza, si busca sinceramente aprender y dispone su corazón a cambiar.

¿Le han dicho que ya no puede ser salvo? Jesús le dice: “Ven a mí y sé salvo”. ¿Le han dicho que su vida está programada y no puede hacer nada? Jesús le dice: “Conoce la verdad y te hará libre”. ¿Le han dicho que puede vivir sin compromiso con la iglesia? Jesús le dice: “No deje de congregarse”.

No importa la situación, siempre hay solución en Jesucristo. ¿Vendrás a Él?

“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en Él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16)